Emilia Molina:
la jueza a la que ni un arma la detuvo

Fotografía: Emilia Molina

Fotografía: Emilia Molina

Emilia Molina se describe como una mujer terca. Y tiene razón. Es una abogada que aún con 15 años de carrera como oficial judicial, actuaria judicial, secretaria de juzgado, y secretaria de tribunal, estudió y presentó exámenes siete veces para ser jueza de distrito. Cada rechazo fue el convencimiento para intentarlo una vez más, hasta que lo logró.

Pero el triunfo trajo otros desafíos. Su primera adscripción fue en las Islas Marías, un complejo penitenciario establecido en una isla, al que debía llegar en avión sobre una pista de aterrizaje de apenas 100 metros de longitud. Aún con todo el miedo, por las condiciones poco convencionales del lugar –incluyendo boas de tres metros– no sólo cumplió con su trabajo sino que entendió, con mayor empatía, su encomienda.

Era la única mujer en el complejo, con una población penitenciaria de 3 mil personas, y ahí enfrentó el mayor desafío de su carrera, en medio de un dolor personal incalculable. Su hermano había sido asesinado y se especulaba que los responsables eran del grupo de los Zetas. A la semana siguiente, tuvo que presidir audiencias pre liberatorias de miembros de ese grupo.

Este hecho le hizo replantearse toda su vocación y le permitió entender el concepto de imparcialidad. Se cuestionó fuertemente si podía seguir siendo jueza con una visión imparcial e incluso consideró renunciar. Sin embargo, decidió quedarse, convencida de que debía ser "una jueza que puede eliminar de su mente eso” y ser “imparcial 100% con los asuntos que vaya a resolver".

En su siguiente puesto, como Magistrada de circuito en Mazatlán, donde estaba adscrita a un colegiado civil, enfrentó otro hecho que incluso puso en peligro su vida. Fue contactada por la oficina de la presidencia de la Corte, sobre un asunto que –ella explicó– no era de su competencia, sino de otro de sus compañeros.

Al día siguiente, mientras dejaba a una de sus secretarias en su domicilio, un comando de nueve personas armadas la detuvo, la bajó de su camioneta. “Me pusieron tres pistolas en la cabeza. No recuerdo ni qué me dijeron, estaba bloqueada. Creí que me iban a matar, no me mataron. Me bajaron y se llevaron mi camioneta, con mi computadora”.

Fotografía: Emilia Molina

Fotografía: Emilia Molina

Después de eso, por seguridad, fue trasladada a la Ciudad de México, donde ha estado adscrita desde 2021. Pese a todo, Emilia está firme en su modo de vida. “Desde la primera vez que me habían amenazado en Mazatlán, cuando era jueza de Islas Marías, hablé con toda mi familia, mi mamá, mis hijos, mi marido, y les dije, ‘aquí tenemos de dos sopas: La primera es que nos podamos ir de vacaciones a donde sea y estar tomando el sol en el yate, o que me lloren porque me están velando, porque su mamá no le entró. Y yo estoy 100% segura que prefiero la segunda’”.

Durante las protestas por la Reforma Judicial, Emilia Molina, como presidenta de la Asociación Mexicana de Juzgadoras, A. C., también se convirtió en una de las líderes más aguerridas del movimiento.

Participó en foros nacionales e internacionales, dio decenas de entrevistas y encabezó las manifestaciones en las calles. Pese a no estar familiarizada en lo absoluto con el activismo, el valor le viene desde su vida familiar marcada en la resistencia, pues su padre fue refugiado de la Guerra Civil Española.

Por eso no dudó ni un segundo en luchar por el Poder Judicial, en el que creía firmemente, y que la Reforma iba a desaparecer. “Me arrancaron no sólo mi forma de vida, me arrancaron a mi país con una democracia en la que yo creía, me arrancaron la posibilidad de que México avanzara un poquito más”